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La mujer y el desconocido. Escrito por Juan Carlos R.Y.

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Título del relato de erotico: La mujer y el desconocido..
Este relato corto ha sido escrito por: Juan Carlos R.Y.




12:26 pm
Abrió pateando la puerta, parecía estar muy desesperado y de alguna forma eso era lo que la excitaba de él.
La tenía cogida de la mano, cuando la puerta se abrió por completo él la jaló con fuerza hacia el interior, ella hizo un quejido.
No habían cruzado palabra alguna desde que José le dijo a María que quería llevarla a un hotel.
Durante el camino ella pretendía realizar algún tema de conversación, pero él respondía de una forma cortante sin ni siquiera mirarla.
Ahora se encontraban solos en ese pequeño cuarto, todo había pasado en tan solo un instante.
María se acerca hacia el velador, al costado de la cama y prende la lámpara.
Al fin pudo ver el rostro de José, era pequeño, de piel limpia, cejas pobladas, labios carnosos y ojos oscuros.
José se quitó el polo, la cogió de la cintura y la pegó a su cuerpo, los senos de maría rosaban su pecho.
José se detuvo un momento a contemplarla, su mirada se paseaba por toda su cara observándola punto por punto. La besó, ella no impidió el beso.
Él introdujo su lengua y acarició la de ella desde la punta hasta el fondo con una pasión única, como si hubieran sentimientos de amor de por medio, rosando los labios rítmicamente y con suavidad, mientras sus manos poseían su cintura, espalda, y nalgas. Ella encorvaba su cuerpo fuertemente debido al los torrenciales chorros de hormonas sexuales que empezaba a segregar.
José Pasó su lengua lentamente dejando un rastro de saliva desde el comienzo de los senos hasta el cuello, saboreando gota a gota el tibio sudor de María.
Ella comenzó a sentir el deseo de estar desnuda, sus diminutas prendas eran un estorbo para que las manos de José se paseen libremente.
María no se explicaba por qué empezaba a sentir todo lo que sentía, esas sensaciones que se desataban evocaban su adolescencia, cuando se enamoró por primera vez.
Cayeron juntos a la cama, ella tenía las piernas abiertas y la falda levantada.
José bajó sus manos hacia su "jean" para desabrocharlo, María intentó quitarse el escote celeste pero por la desesperación tenía problemas para hacerlo. José al ver eso agarra con las dos manos los extremos de la prenda y la estira fuertemente hasta romperla. María pegó un grito, sin embargo le satisfacía encontrarse con los senos al aire. El animal insaciable y salvaje que tenía en frente miraba sus pechos como un león a su presa, hambriento de sentir la carne.
Cogió sus senos con las dos manos, y lamió, mordisqueo, pellizcó, sobó, acarició, sin detenerse ni un momento aunque sea a respirar. María no se daba cuenta que su entrepierna estaba rebalsando en fluidos. Se encontraba embriagada de placer, y gemía sin parar de una forma inconsciente.
Las exploradoras manos empezaron a recorrer las extremidades inferiores de María, poniéndole el cuerpo mucho más caliente.
Los dedos de José de pronto sintieron una tela muy pegada a la piel, se situaron bajo ella y acariciaron lo que había, todo estaba mojado, la manó ingresó más hasta sentir una protuberancia cercana que se ahogaba en líquidos vaginales. Ahí hizo presión una y otra vez sobando de arriba abajo, luego a los costados y en círculos, mientras su lengua seguía jugando con sus senos.
Las pieles entre las sábanas, los gemidos volando en el aire, los cuerpos chocando sin restricciones, las bocas hambrientas, lujuria insaciable.
Al cavo de un momento, en el suelo habían solo prendas, un sobre de preservativo, trusas.
La ventana empañada, y la cama chillando con dos seres dominados por la libido.
A ella le encantaba sentir dentro a José, y eso era lo extraño, hacía mucho que no disfrutaba las relaciones sexuales con nadie. Y nunca se imaginaría que disfrutaría tanto con uno de sus clientes. Normalmente eran esos viejos que se venían en diez segundos, que olían a alcohol, que tenían una enorme panza. Y hace mucho que no realizaba el acto sexual sin sentirse cochina por alquilar su cuerpo. Era raro lo que él le transmitía.
Empezaba a creer injusto que José le pague, cuando ella prácticamente fue la atendida.
José empujaba su miembro con fuerza hacia el interior de María provocando un sonido al chocar muslos y nalgas. Lo hacía progresivamente en forma acelerada, María no resistía el no gritar, gemir, y abrir fuerte la boca de placer.
José empezaba a arañar la espalda de María. El dolor ya se había transformado en un factor más que incrementaba la excitación.
La penetración se hacía más desesperada, María ya no estaba segura que clase de placer empezaba a sentir, la cama chillaba más fuerte, el ambiente estaba más caliente, José no pudo aguantar más tiempo, y se deshizo de toda su tención sexual, eyaculando…
… Cinco minutos después, ambos estaban mirando el techo, María sentía una relajación única, estaba agotada, y había una rara emoción dentro de sí.
Volteó hacia José que como era de esperarse no decía nada y le dijo:
Sabes hacer el amor muy bien Con una voz un poco agitada.
A esto se le llama tener sexo Dijo José, muy serio.
Lo sé, solo quería darle un poco de romanticismo a la expresión añadió María.
Ya me voy Dijo José.
¿Que esperas para pagarme? Preguntó María.
José cogió su pantalón, sacó la billetera, y le entrego veinticinco soles.
Gracias Dijo María.
1:05 am


 
 
 
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